Ayer en el Transmilenio de vuelta a casa veía muchas mujeres con rosas y chocolates, supongo que eran los obsequios de sus compañeros de la empresa en la que trabajaban y seguramente fue la estrategia que usaron las áreas de bienestar corporativo para “celebrar este día tan especial”.

Comencé a hacer una reflexión sobre esto y me di cuenta de cuánto ha cambiado mi manera de ver la vida desde que llegué al feminismo y lo mucho que le agradezco a este pensamiento por permitirme reecontrarme, y además, cuestionarme cada día de mi vida.

Fue inevitable pensar en la responsabilidad que tenemos todos con la deconstrucción de ese pensamiento machista que nos pone en un pedestal y nos adora cada 8 de marzo (entre otras cosas porque están convecidos de que somos seres débiles a las que un hombre debe proteger), pero que el resto del año nos pordebajea y discrimina por el hecho de ser mujeres.

Sí, le hablo a todos, desde el que lanza piropos en la calle, hasta el que accede carnalmente. Desde el que escucha a sus amigos referirse con palabras o “chistes” sexistas y no dice nada, hasta el que se siente muy macho por decirlas. Pasando por el que prefiere no entrevistar mujeres para un cargo gerencial porque son muy emocionales, hasta el que las entrevista, pero acaba con su currículum cuando les pregunta ¿y cómo manejas eso de tener hijos y tener que trabajar?

Sin dejar de lado al que controla hasta la forma de vestir de la mujer con la que comparte y para acabar de completar, no le gusta que se vea con sus amigas o amigos. Y no puede faltar el que hace todo esto, no lo reconoce, pero sí se siente ofendido y aludido cuando alzamos nuestra voz y nos dice exageradas porque “el violador no soy yo, yo nunca he maltratado a una mujer”.

Podría quedarme dando ejemplos y seguramente no acabaría, es mejor que cada quien haga el análisis propio de sus comportamientos, hombres y mujeres, sí, porque las mujeres también tenemos atravesada esa cultura patriarcal así como ellos, hasta las más feministas.

Cuando digo que la responsabilidad es de todos no solo me refiero a cada persona como ser individual, sino a los seres colectivos y más si tienen a cargo una audiencia, me refiero a los medios de comunicación y por supuesto, a los entes gubernamentales.

El jueves me parecía increíble estar escuchando a una periodista radial que cubría el Premio Cafam a la Mujer diciendo al aire: “la esposa de nuestro compañero Jorge Alfredo Vargas, Inés María Zabaraín, ha ganado un reconocimiento y Jorge Alfredo le ha dedicado unas palabras por su impecable labor como madre”, ¿ah?, es decir, ella es la que gana el reconocimiento, pero se le presenta como la esposa de alguien y además, la noticia no es el porqué del premio, sino las palabras de su esposo por ser buena mamá, ¿se dan cuenta a lo que me refiero?, no nos dejan ser protagonistas de nuestra propia vida, siempre nos presentan como un referente de ellos.

Lo peor del caso es que seguramente nadie le hace caer en cuenta de su error, porque en los medios de comunicación no se les capacita en temas de género, como si la responsabilidad que tienen no fuera ya muy alta, como si el lenguaje no construyera nuestra sociedad. Pero qué podemos esperar si al otro día y por la misma emisora, el director del programa presentó a Johana Bahamón, Mujer Cafam 2020 por su trabajo increíble con la población carcelaria, como “la bellísima Johana Bahamón” y la despidió del estudio diciendo “definitivamente, qué mujer tan hermosa”, ¿es eso lo único que saben decir respecto a una mujer?

El feminismo me dio el poder de ver el machismo en todas partes y el poder de indignarme cuando lo percibo, pero ese poder no lo uso para querer desruirlo todo, sino para querer transformarlo, porque aquí encontré mi misión, ¿saben por qué? porque encontré las respuestas a todo lo que me hacía daño, a todo lo que me hacía sentir inferior.

Porque a mí también me han tocado sin mi consentimiento en el transporte público y he sentido miedo y rabia cuando reclamo y nadie me apoya. Porque también se han aprovechado de mí cuando he estado bajo los efectos del alcohol, porque también me han tratado de puta por vivir mi sexualidad como se me da la gana. Porque amé profundamente atada a las expectativas del amor romántico y luego me destruí cuando todo se acabó.

Porque veo el machismo todos los días dejando víctimas cercanas y otras no tanto, porque me veo en mis amigas cuando me dicen que sienten miedo de caminar solas, de viajar solas, de vivir libremente.

Por esto y muchos otros motivos, el 8 de marzo no se celebra, no es el día para celebrar la vida de los seres más bellos. Es el día para conmemorar las luchas de las que no están, de las que murieron en el anonimato, es un impulso para seguir transformando esta sociedad machista y patriarcal que a todos nos atraviesa hasta el fondo.

Pdta: cada quien tiene sus luchas, enamórese de la suya y transfórmelo todo.

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Sol Gómez Botero

Comunicadora social y periodista