Sábado, las puertas de salón se abren a las 8:45 a.m., quien llegue a las 9:01 a.m. no entra a menos que tenga una excusa de fuerza mayor. Todos los niños llegan con una sonrisa calcada en su rostro, carpeta en mano, tarro de agua y lápiz, no importa si vienen desde muy lejos y les haya tocado madrugar quizás desde las cinco, quizás desde las seis.

“¡Buenos días maestra!”, dicen mientras se sientan en su lugar y esperan a que sus compañeros tomen asiento. Las “mamás”, es decir las más grandes del grupo, están pendientes de los más pequeños mientras inicia el ensayo. Se llama a lista, uno a uno, no importa que sean 10 o que sean 100, es importante que estén todos juntos para comenzar el calentamiento.

  • Ariza Juana*
  • ¡Presente maestra!
  • ¿Trajiste tu carpeta, tarro y lápiz? (dice la maestra mientras chulea cada uno de estos ítems en su lista)
  • Sí señora
  • Pásame la tarea, por favor…

La maestra de la que tanto hablamos es Sandra Rodríguez, o como a ella le gusta que le digan, Sandy. Pedagoga musical de la Universidad Pedagógica Nacional, con énfasis en canto y directora coral; una enamorada de su profesión y de la disciplina con amor. Desde pequeña siempre supo cuál era su sueño, el canto, la música coral y poder enseñar a otros no sólo a cantar o tocar un instrumento, sino a ser mejores personas en cualquiera de los campos en los que se desempeñen en la vida.

Comenzó desde niña en la iglesia a la que su familia asistía, fue allí donde descubrió su vocación por la docencia, primero enseñó en las escuelas religiosas y con menos de 15 años, ya dirigía el coro de adultos y se preparaba para presentarse al Conservatorio de la Universidad Nacional; fue cuando se graduó del colegio que decidió dejar su carrera en el canto y optar por la formación en Pedagogía.

Sandy es actualmente la Directora del Coro Filarmónico Infantil, un coro que reúne a las mejores y más destacadas voces infantiles de los colegios distritales de Bogotá. Cada año estos niños llegan a presentarse a las audiciones de la Orquesta Filarmónica y cual reality show se presentan y compiten por un puesto dentro de este prestigioso coro de la ciudad, unos quedan seleccionados, lastimosamente otros no.

Desde los más pequeños (estudiantes de pre-escolar), hasta los más grandes que están prontos a graduarse, pueden participar, quedan sólo los mejores de los mejores, una elección difícil entre tanto talento. Ya con el grupo formado comienzan los ensayos, las reglas son claras desde el principio y Sandy es muy sensata con los padres de familia, su filosofía de vida le impide formar únicamente músicos, por eso su amor por la disciplina.

Llegar a tiempo, llevar los útiles necesarios (carpeta con partituras ordenadas, lápiz y agua), si hay tarea deben llevarla hecha y entregarla en perfectas condiciones, no se falta a los ensayos sin justa causa, quien no ensaya no canta en los conciertos. Puede parecer radical sabiendo que hablamos de niños, ¿no?, pues la verdad es que ellos lo disfrutan, son felices, se los digo yo, que también fui su alumna desde los 8 años.

Me atrevería a decir que la música es lo mejor que les haya podido pasar a estos niños en la vida, y es que no es sólo aprender a leer partituras; saber que una negra vale un tiempo y una corchea la mitad, claro, es importante y aumenta el nivel de cualquier agrupación musical, pero lo más valioso de todo esto es que forma seres humanos sensibles, disciplinados y apasionados.

Quienes no conozcan mucho de música y hayan visto a un director coral en acción, de seguro no entenderán qué es lo que hace, podrá parecer una locura tantos gestos y movimientos con la mano, sin embargo, para el que está al frente es diferente, cada gesto sin duda alguna significa algo en particular, pero más que eso es conexión, es magia, es interactuar, es compartir.

Sandy ama la música coral porque crea empatía entre sus participantes, porque es la unión de muchas voces formando una unidad; es igualdad porque ninguno debe escucharse más que el otro, si hay una voz más potente entonces debe bajarle a la intensidad para no sobresalir o los demás deben subirle, siempre pensando en el equilibrio; es quitar las penas, es explotar habilidades escénicas, es formar seres humanos integrales que piensan en el bienestar de su compañero, es hacer amistades, es eliminar egos, es romper con las barreras que nos separan.

Siempre basada en la disciplina, Sandy defiende el amor como principal pilar para construir y mantener unidos a sus coros, sabe que un coro de personas que no construyen lazos afectivos fuertes o en el que existen egos y rivalidades, jamás logrará transmitir lo que un grupo de amigos que se reúnen a cantar y que además aman hacerlo.

Además de directora de la OFB, también dirige su propio coro, “Voces de Luz” y es corista de la Coral Santa Cecilia, con todos montando música de alta calidad, obras sinfónico corales y participando en festivales a nivel nacional e internacional, llevando la bandera de Colombia siempre en alto.

Mientras muchos nos quejamos de lo mal que va la economía y la política (con esto no quiero decir que debamos ser apáticos al tema), la protagonista de esta historia seguirá transformando vidas desde las aulas, utilizando la música como excusa para formar personas solidarias y amorosas a partir de la disciplina y el compromiso, sabiendo que, en un futuro de seguro sus estudiantes también se encargarán, con sus actos, de transformar la vida de quienes estén a su alrededor.


Sol Gómez Botero

Comunicadora social y periodista

3 Comentarios

Henry Martínez · enero 26, 2018 en 4:27 pm

Muy inspirador!

Sandy Rodriguez · enero 26, 2018 en 4:30 pm

Gracias solecito por escogerme, por haber creído que debías estar junto a mi en este hermoso camino y también por haber querido hacerlo.
Gracias por escribir cosas tan bellas pero gracias porque aunque ha pasado el tiempo te veo igual en tu esencia, transparencia y amor, como cuando te conocí y tenías 8 años. Ilusionada con ser periodista, sueño que hoy estás cumpliendo pero ademas corista de corazón y realidad.
Gracias por el tiempo compartido y gracias por ser tu!!!

Diana Ramón · enero 26, 2018 en 11:32 pm

Así es Solecito! También fue mi maestra por más de 10 años y hoy replico lo aprendido con cada uno de mis estudiantes. Niños,niñas y jóvenes que llegan a mi salón de Coro con la misma sonrisa con la que yo te conocí!!! Gracias por ser una periodista que le apuesta a este tipo de escritos. Un abrazo.

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