Después de una noche larga, dando vueltas entre las cobijas mientras conciliaba el sueño, desperté. Era un día diferente a los otros, era un día soñado, un día especial. La posibilidad de conocer un lugar desconocido para tantos, es un privilegio que no todos tenemos y que sin duda alguna es una experiencia de las más bellas.

Eran las 4:00 a.m. de un lunes de noviembre, apenas se podía ver sin necesidad de prender la luz, la curiosidad y la emoción invadían cada fibra de mi ser y cada rincón de mi cuerpo. El vuelo despegaba a las 9 a.m. y estaría llegado a mi primer destino a eso del mediodía.

Después de llegar al aeropuerto y hacer todos los procedimientos pertinentes, abordé; abordamos, porque la experiencia no era solo mía, era de un grupo de amantes de la música que representaríamos a nuestro país, a Colombia, en un mundo nuevo, en una nueva cultura.

Después de un vuelo calmado sobre un cielo esponjado, se divisó por fin la inmensidad del mar y a lo lejos una pequeña porción de tierra que prometía con su belleza, llenarnos de las más inmensas alegrías y volverse la mejor historia que contar.

Cuba, ubicada en el archipiélago del mar de las Antillas y con un promedio de 11,48 millones de habitantes, nos daba la bienvenida a un mundo completamente desconocido del que solo conocíamos por la historia y los medios, pero que nos demostraría que pisar su suelo sería el crecimiento personal más grande que jamás experimentaríamos.

El avión aterrizó a las 12:30 p.m. en el Aeropuerto José Martí de La Habana, capital de la isla. El día auguraba ser bastante largo, a las 3:00 p.m. salía el vuelo hacia Santiago de Cuba, 871 km al suroccidente de la capital. De La Habana ya habrá otro espacio para hablar, por ahora continuaremos con la llegada a Santiago.

Santiago de cuba

“Santiago es Santiago: rebelde ayer, hospitalaria hoy, heroica siempre”

Con 426 mil habitantes, Santiago es la capital mundial de la música coral. El Festival Internacional de Coros daba inicio el 27 de noviembre y se convertiría en la casa del Coro Voces de Luz hasta el 2 de diciembre. El recibimiento fue emotivo, toda una logística encargada del coro de Colombia. Era realmente un privilegio estar pisando su suelo y disfrutando de su cálido clima.

Una cultura nueva saltaba frente a nosotros, un universo diferente con costumbres diversas que nos abría las puertas de su hogar. La música corría por sus calles, por cada rincón de su ciudad, cantos, trovas, son, el sonido de los instrumentos inundaba nuestro caminar. La oportunidad de asistir a uno de los shows predilectos del turista en esta ciudad, Tropicana (la de Santiago, porque la de La Habana es muy costosa), un espectáculo rodeado de colores, bailarines, son y mucho cubalibre. Bailando, impregnados de sabor cubano.

No todo es tan bueno, unas cuantas canas nos hicieron sacar cuando caminábamos por sus calles y preguntaban, “¿de dónde son, de México?”, “¿de España?”, “de Colombia”, respondíamos orgullosos y casi instantáneamente nuestro orgullo se flagelaba cuando escuchábamos la típica frase “¡ah! La tierra de la coca y Escobar”. La pregunta entonces estaba en porqué estos amigos cubanos creían que Colombia era solo eso, la respuesta era simple, su producción colombiana favorita: “Escobar: el patrón del mal”. Obviamente que seguido de eso los invitábamos a dar in vistazo más allá de la famosa novela, pero eso ya es cuento para otro momento.

¡Qué talento el que hay en este país de músicos y bailarines! Nadie imaginaría que detrás de esas voces afinadas y de esa presencia escénica hay tantas problemáticas sociales, los contrastes son impactantes, qué gente más bella. Después de participar en el Festival y demostrar que los colombianos no somos solo coca y Escobar, nos despedimos de esta tierra bella y partimos hacia la capital de la Revolución.

La Habana

“Hasta la victoria siempre”

La Habana fue una experiencia muy diferente a la vivida en Santiago. Una ciudad mucho más grande, donde los problemas sociopolíticos de la isla se evidenciaban de manera más directa que en la anterior.

Dividida en la Habana Vieja y la Habana Nueva, sin duda es un lugar que se debe explorar en todas sus caras y dejarse maravillar por sus magníficos contrastes. Comencemos por la Plaza de la Revolución, un lugar repleto de historia patria donde se ven las ilustraciones del Che, Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, seguidas de una que otra frase propia de la Revolución, en el medio de la plaza se ve el majestuoso obelisco.

Sus carreteras rodeadas de mar maravillan a más de uno, el Capitolio y el Museo de la Revolución son imperdibles lugares repletos de historia que hablan por sí solos. En las noches no puede faltar la visita al tan famoso Morro donde hacen un espectáculo militar y cierran con la explosión de un cañón. No se puede despedir a La Habana sin haberse tomado un delicioso mojito en La Bodeguita del Medio, donde celebridades como Ernest Hemingway y Mario Benedetti han puesto su firma en las paredes de este emblemático lugar, localizado cerca de la Catedral.

Libros a precios inimaginables y una gastronomía exquisita son algunos de los atributos que me atrevería a otorgarle a esta ciudad. Sin embargo, es importante resaltar que transitar por sus calles es complejo, gente pidiendo dinero a los turistas, quejándose del régimen castrista, es una realidad delicada de la capital que, aunque muy hermosa, es de especial cuidado.

Su gente, no muy hospitalaria, distantes, se sentía algo de resentimiento en su manera de dirigirse a nosotros “¿ustedes de qué se quejan?, por lo menos pueden pasear sin pedirle permiso a Santos (Presidente de Colombia 2010-2018)”, decían.

Varadero 

“Bienvenidos a la Cuba de mentiras”

Inicio este relato recordando a una cubana que conocí en La Habana que me dijo, “¿Ahora van para Varadero?, bienvenidos a la Cuba de mentiras.” No sé si sea de mentiras, pero sí sé que es un paraíso que difícilmente hubiese encontrado en la capital isleña.

Una ciudad dedicada a los turistas extranjeros, repleta de hoteles y oferta turística, nada que envidiarle a Cartagena o a Cancún. Un mar azul completamente limpio y cristalino con un imponente sol en su cenit, cuidan su mar como si fuera su bien más preciado.

Me atrevería a decir que ha sido el mar más bello que jamás he visto, amé sus aguas y cómo acariciaban mi cuerpo, su temperatura era la justa y su oleaje casi perfecto. Un amanecer a eso de las 6:00 a.m. deja ver un cielo clarísimo y un tenue sol que después se torna fuerte y refleja sus rayos en la inmensidad.

Quisiera arriesgarme a decir que el atardecer de ese 5 de diciembre fue la experiencia más cautivadora de mi vida entera, un cielo rojizo, el sol ocultándose tras las aguas, el sonido del mar y canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés alimentaban el momento. Un momento que jamás hubiese querido que terminara, la vida debería quedarse ahí, quieta, tranquila y pasiva, repleta de paz.

Era hora de despedirse, era la hora de decir adiós a lo más bello que había vivido. Me desperté a las 4:00 a.m. para ver y sentir el amanecer de principio a fin. Las lágrimas salieron por mis ojos y cayeron por mis mejillas, lágrimas de felicidad y de melancolía, melancolía por la despedida, melancolía por la certeza de que en unas cuantas horas estaría de nuevo pisando mi suelo colombiano, hermoso, pero lleno de afanes y dificultades.

Disfruté cada segundo de la alborada y cuando me sentí lo suficientemente fuerte como para partir, me levanté de la arena. Lo disfruté por última vez y le dije adiós a los momentos más memorables e inolvidables de lo que en mi corta vida, he podido disfrutar.

Categorías: Fuera de mí

Sol Gómez Botero

Comunicadora social y periodista