Hace mucho no escribía llevada por la angustia, casi siempre lo hacía por sentimientos positivos o por indignación, pero por angustia, no.

He intentado apagar mi cabeza de tantos pensamientos porque aunque no tenga el covid-19, siento que me estoy enfermando mentalmente, emocionalmente.

Cada medida que se toma en Colombia, aunque sé que es la correcta y es lo que se debe hacer, me angustia. Y no solo por mí, sino por las realidades tan complejas que vivimos la clase media y baja de este país.

Entro a Twitter y lo único que veo es a los privilegiados diciendo “por favor quédense en casa, es lo mejor para todos”, sí, sin duda es lo mejor para todos en cuanto a la propagación del virus, pero no para las familias que, como la mía, salen cada día a sus negocios a conseguir lo del diario, lo del arriendo, lo de los servicios, lo de los créditos de los bancos que los sumen en la desesperación y que si se quedan en casa no van a tener cómo mantenerse y eso sin nombrar a los otros millones que viven del rebusque, para ellos la situación pasa de oscura a totalmente negra.

Luego pienso en las que desgraciadamente viven en familias violentas, mujeres y niños que viven bajo el mismo techo con sus agresores y que solo esperan a que amanezca para salir de sus casas huyendo de su realidad y ahora quizá les toque quedarse encerrados con ellos. Esto también toca a familias de clase alta, quizá no pasen dificultades económicas, pero su estadía en casa será tal vez un infierno.

Temo por todos esos pequeños empresarios que les tocará cerrar sus emprendimientos no solo por la posible cuarentena sino por el elevado precio del dólar y por los empleados de empresas que les tocará parar sus actividades.

Me digo que no tiene sentido angustiarme tanto, que igual nada cambio con esta sensación de impotencia y espero que mañana sea un mejor día para mí, para todos los que comparten este temor, esta desesperación.

Cuídense todos, no solo su cuerpo, cuiden también su mente, sino seremos caldo de cultivo para el pánico y es eso justamente lo que debemos evitar.

A los que tienen el privilegio de quedarse en casa, por favor, háganlo, no salgan de rumba, no frecuenten lugares repletos de gente, no se lleven todo lo de los supermercados, pensemos en colectivo y ayúdennos a las familias que no podemos darnos ese lujo o no por lo menos por mucho tiempo.

Pdta: Me enferma el corazón que hasta en momentos así la desigualdad toque a la puerta de muchos.

Pdta 2: Confía y respira.


Sol Gómez Botero

Comunicadora social y periodista