“Yo, sola conociendo el escenario perfecto para escribir así sea un momento. ¿Cómo puede la gente vivir en un lugar así? Ha de ser delito ver esta hermosura y acostumbrarse a ella, que nada asombre ya. (…) Gracias bella noche por permitirme escribir, gracias. Hoy cruzaré lento, muy lento, el Queen Emma Bridge…”

Cuando leo este fragmento es como si mi mente y corazón volaran justo al momento en que lo escribí. Willemstad, capital de la hermosa y paradisíaca isla de Curazao, penúltimo día de mi primera experiencia como viajera solitaria, o como prefiero llamarle, viajera en libertad.

Con arena hasta en los oídos y sintiendo cerca el final de los más bellos, dulces y asustadores días de mi vida, me senté frente a las aguas que dividen en dos la ciudad y mientras se abría el Queen Emma Bridge dando espacio para que un descomunal barco de carga atravesara, caí en cuenta que era mi última oportunidad para conectarme y escribir.

Este viaje comenzó siendo una locura, literalmente un salto de fe. Cuando lo decidí y compré lo necesario para no poder dar marcha atrás, había acabado de terminar mis prácticas y no tenía ninguna oferta de trabajo que me respaldara. Lo que pasó después, creo firmemente que fue un regalo del universo por confiar y ponerme a mí de primera, por poner mis deseos más profundos por encima de cualquier circunstancia; tres semanas antes de que llegara la primera cuota del plan, conseguí un trabajo y con este logré pagar una a una las mensualidades que me llevarían a este hermoso lugar del que ahora les hablo.

¿Por qué Curazao?, desde el primer día que conocí el mar en la bella ciudad de Valparaíso – Chile, supe que si había un lugar en el mundo en el que podía conectarme profundamente con el universo, era ahí, percibiendo la profundidad y la belleza de sus aguas. Unos años después estaba convencida que quería conocer las islas del Caribe, una a una… Cuba ya estaba chequeada y aposté por Curazao, pero esta vez lo haría sola.

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que quieres solo porque no tienes quién te acompañe?, es decir ¿por qué depender de alguien si los deseos son tuyos, no de alguien más? Con este cuestionamiento me lancé y ahora puedo decir que definitivamente si es mío el deseo, entonces únicamente de mí dependerá.

Pero bueno, vamos al grano…. el 23 de noviembre iniciaba esta aventura de la cual sabía poco o nada, iba con un piso firme, un plan de viajes, alojamiento, comida y vuelos, lo demás iría por cuenta propia, pero a decir verdad, no tenía planeado nada, quería dejar fluir, que todo me llevara a los lugares que debía conocer. Así que tomé un avión y después de una hora y media de vuelo llegué a Willemstad, una hora más tarde que Colombia.

Esa noche fue desesperante, tenía mucho miedo de estar sola en la habitación. No había podido avisarle a mi familia que había llegado bien por problemas con la internet y la angustia de que alguien tocara la puerta y pudiera correr peligro, era constante. Típico, una mujer sola en un lugar desconocido, ¿cómo no sentir miedo?

Al día siguiente tuve un tour por la periferia de la ciudad al cual no sabía que tenía derecho… una ciudad con majestuosas casas con piscina y el mar asomándose por sus ventanas, un verdadero paraíso para ciudadanos europeos que querían darse un descanso por las antillas.

Cuando terminó el tour comenzó el verdadero desafío, caminar por calles desconocidas repletas de color al estilo holandés, aprender a montar en bus y como toda novata, mi primera perdida, y con ella tener que acercarme a pedir ayuda. En Curazao se hablan cuatro idiomas: inglés, español, holandés y su natal papiamento, era muy fácil pedir indicaciones, pero el susto de estar sola y hablar con completos extraños, potenciales agresores, era aterrador, tristemente así es como pasa la vida de una mujer.

A fin de cuentas todo salió bien y mi instinto nunca falló. Varias veces tomé el bus equivocado y llegué a lugares no planeados, pero sin duda cada espacio y tiempo fue perfecto para aprender a confiar.

Durante los cinco días que estuve descubriendo este magnífico lugar conocí las playas más suaves, los mares más azules y cristalinos y mi momento favorito del día, las más dulces puestas de sol. Por primera vez leí con el sonido del mar y fundí mis ojos en lo profundo de ese límite con el cielo, agradeciendo una vez más por estar ahí, en tranquila soledad.

Cada calle que pisé, el agua que sentí, las palabras que crucé y esa sensación de querer llorar de alegría cada vez que veía el sol caer, instrumentos musicales sonar y el precioso Queen Emma Bridge cerrar, esos han sido, sin duda, los días más felices y plenos de mi vida, hasta ahora.

Gracias Curazao por enseñarme a confiar, a saltar al vacío, a ser valiente y fuerte, a amar casi que con memoria fotográfica cada momento y lugar. Regresé a Bogotá con la sensación de no haber conocido todo y con unas inmensas ganas de hacerlo de nuevo en cualquier parte del mundo.

Viajar en solitario es definitivamente una aventura que todas deberíamos experimentar porque es allí donde te das cuenta que más allá de eso que construimos alrededor del amor de pareja y esa sensación de querer morir cuando esta se va, está el amor verdadero, el que explota cuando solo te tienes a ti misma para ser inmensamente feliz y ese amor sí que es suficiente e incondicional. ¡Lánzate, con miedo y todo, lánzate!

¿Qué recomiendo?

Destilería de licor de Curazao. ¡Funciona como museo y pueden enterarse de toda la historia de la isla mientras se toman un traguito!
No se pueden ir de la isla sin probar su licor. ¡Recomendado: el de tamarindo, delicioso!
Aquí estoy en el barrio Punda, si cruzan el Queen Emma Bridge (el que se ve atrás), llegan a Otrobanda.
El Queen Emma Bridge se abre cuando los barcos deben cruzar. Mientras el puente esté fuera de servicio se puede hacer uso del ferri.
Aquí ya estoy del otro lado, literalmente lo que significa Otrobanda.
¿Sabían que estos instrumentos de percusión los fabrican con barriles de petróleo?
Estos cruceros se ven ir y venir, prometo estar montada ahí algún día.
Playa Mambo. Es una playa privada debes pagar por entrar y por usar silla, pero no es costoso.
¡De noche el Queen Emma Bridge se ilumina!
¡El Acuario es sin duda un lugar obligado!

¿Han estado alguna vez en un submarino? En el Acuario pueden vivir esta experiencia. 
Pueden alimentar a los flamingos rosados…
Y puedes ver el show de delfines. También hay uno de leones marinos, pero no tengo videos 🙁
Lo que les decía de los atardeceres era en serio. Esta foto fue tomada en Cabana Beach.
Kenepa Beach. Este es el mar más azul que jamás haya visto, es hermosísimo.


¡No te quedes ahí sentado, si te gusta viajar, busca la manera y hazlo posible!

Categorías: Fuera de mí

Sol Gómez Botero

Comunicadora social y periodista